Nunca he pensado en escribirte. Aunque técnicamente no te estoy escribiendo. Esto lo leeran decenas de personas, menos tú. O quizás sí. El mundo es pequeño y la vida da vueltas. Por si lees esto, que sepas que gracias.
Gracias por esos años que me diste, por ser tu confidente y por las tardes que nos pasábamos tirados en el suelo, hablando de todo, hablando de la vida. Gracias por contarme tus inquietudes y tus sueños. Y por hacerme ver que yo también sería capaz de hacer cumplir los míos.
Gracias por darme momentos de felicidad, cuando sentía que el mundo pesaba demasiado. Nunca fue una carga compartida, pero dejamos peso por el camino, me lo hiciste todo mucho más llevadero.
Gracias por ser esa primera persona con la que me sentí ilusionada, aun cuando no tenía edad para ello. Por ser esa persona de la que no me avergonzaba a hablar a mi familia.
Hace muchos años que nuestros caminos se separaron, y nunca han vuelto a coincidir, aunque sí que nos hemos encontrado. Posiblemente ya no te acordarás de mí, y tú ya sólo eres una sombra de mis recuerdos. Y quizás por eso te quiero escribir ésto. Antes de que desaparezca para siempre este sentimiento.
Te debo mucho. Aunque, por supuesto, tú eso nunca lo sabrás.
Filósofa de poca monta con aspiraciones por encima de las estrellas, ego incalculable y un aburrimiento más grande que el puchero de una abuela.
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domingo, 30 de agosto de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
Querida sociedad: Me gusta el negro, me gustan los vaqueros largos y no voy a cambiar.
Es verano y salen los típicos comentarios de "si vistes pantalones largos, siendo mujer, es que tienes que tener la regla", "¿cómo puedes vestir de negro?", "¿Es que no tienes calor?"
No, señores, no tengo calor. Es más, tengo más calor con un vestido corto que con mis vaqueros largos y de color negro. Y no, no tengo la regla, simplemente me gusta, me siento más cómoda con ellos y, joder, no tengo porqué estar acomplejada.
¿Acaso la gente no entiende que existen multitud de gustos? Mi propio estilo de vestir es así. Tengo ropa negra, me gusta la ropa negra, porque lo he dicho muchas veces, el negro me parece un color muy elegante y que combina con todo.
No porque penséis que "tal" o "cual" voy a cambiar.
Y no, señores, tampoco hace falta ser un "heavy" o un "emo" para ir vestido de negro por la vida. El resto de seres vivos que poblamos la tierra podemos vestir de negro sin necesidad de seguir una corriente social.
La necesidad de prejuzgar y de atribuir ciertas características a una persona por su forma de vestir se os está yendo de las manos, como esa ansia de querer controlar todo lo que sucede a vuestro alrededor.
Luego se escuchan comentarios de "la ropa es arbitraria, es algo que el ser humano tiene porque sí y no ejercer ninguna función en su vida". No, señores. La ropa no es arbitraria. Gracias a la ropa, mucha gente se siente que forma parte de un grupo de personas y no de otro. Gracias a la ropa, la gente puede identificar a qué parte de la sociedad desea pertenecer.
La ropa es arbitraria para gente que no desea formar parte de la sociedad, o que desea formar parte de muchas sociedades, porque encuentra que no hay que cerrarse en banda a un solo grupo, o simplemente, porque le gusta muchos estilos de vestir y vive cómodo alternando, teniendo un armario divertido.
Pero cada ser humano es de una clase diferente y no tenemos porqué ser todos iguales.
No, señores, no tengo calor. Es más, tengo más calor con un vestido corto que con mis vaqueros largos y de color negro. Y no, no tengo la regla, simplemente me gusta, me siento más cómoda con ellos y, joder, no tengo porqué estar acomplejada.
¿Acaso la gente no entiende que existen multitud de gustos? Mi propio estilo de vestir es así. Tengo ropa negra, me gusta la ropa negra, porque lo he dicho muchas veces, el negro me parece un color muy elegante y que combina con todo.
No porque penséis que "tal" o "cual" voy a cambiar.
Y no, señores, tampoco hace falta ser un "heavy" o un "emo" para ir vestido de negro por la vida. El resto de seres vivos que poblamos la tierra podemos vestir de negro sin necesidad de seguir una corriente social.
La necesidad de prejuzgar y de atribuir ciertas características a una persona por su forma de vestir se os está yendo de las manos, como esa ansia de querer controlar todo lo que sucede a vuestro alrededor.
Luego se escuchan comentarios de "la ropa es arbitraria, es algo que el ser humano tiene porque sí y no ejercer ninguna función en su vida". No, señores. La ropa no es arbitraria. Gracias a la ropa, mucha gente se siente que forma parte de un grupo de personas y no de otro. Gracias a la ropa, la gente puede identificar a qué parte de la sociedad desea pertenecer.
La ropa es arbitraria para gente que no desea formar parte de la sociedad, o que desea formar parte de muchas sociedades, porque encuentra que no hay que cerrarse en banda a un solo grupo, o simplemente, porque le gusta muchos estilos de vestir y vive cómodo alternando, teniendo un armario divertido.
Pero cada ser humano es de una clase diferente y no tenemos porqué ser todos iguales.
jueves, 25 de octubre de 2012
Al Loco de la Estación
Querido Personaje que estaba en la estación del Metro de Ciudad Universitaria;
Sinceramente, cuando te vi el día anterior parado allí, con dos cartones en tus manos, y propagando algo que sinceramente no creía, pero bueno, te respetaba, y pasaba de esas frases que decían que "Satán es nuestro padre" o yo que sé que más.
Sin embargo, cuando esta mañana, a las ocho en punto que era, dormida como estaba, y de camino a la Facultad de Filosofía, te vi gritar "¿Estáis preparados para la destrucción?" -O para morir, sinceramente, no escuché bien-, sentí que no podía haber otro tema mejor para pensar en el camino que tengo de unos cinco minutos.
¿Crees que a esa hora es normal ponerse a gritar algo de ese estilo? Me parece que has tenido un propósito oculto detrás, y era el de poner a las personas, medio dormidas y con el cerebro en Stand by, a pensar acerca de los temas que a ti te interesaban, como si supieras que el cerebro en ese estado no es capaz de pensar con claridad.
Por mi parte, lo habías conseguido, me fui todo el camino pensando, hasta la Facultad, que no podía empezar de otra manera mejor mi primer día de Seminario...
Pero ya lo que me ha rematado, fue que a las tres de la tarde, cuando volvía al metro, volver a verte, pero esta vez calladito, mostrando de nuevo esos carteles, ¿por qué no gritabas a esa hora, eh?
De todas formas, me animaste la mañana por que me sacaste unas carcajadas con unas compañeras que no se creían aquello que yo acababa de ver.
Atentamente.
Una de las chicas que salieron corriendo y ni siquiera sacó su móvil para grabar el acontecimiento.
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